Ragnarok, o más allá de las siluetas (I)

Publicado en La broma pesada que es el vivir el Noviembre 5, 2009 por rhinslumber

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La sal se ha ido acumulando sobre la madera y los grilletes. El pañuelo marrón que le regaló su madre al cumplir su decimotercer invierno es ya sólo un jirón descolorido, que cuelga de una cabeza tambaleante. Estas lineas describen una imagen que falsea una sucesión imperceptible para la mente imaginante: el látigo descargó sobre el hombro de su compañero durante este tiempo, invertido en la transemiotización de una realidad tremenda, extrema y que en todo caso, elude el ablandamiento de la escritura. Ya está un cangrejo apresurado poniendo sus huevos en el pequeño nido capilar del esclavo de enfrente, y él siente su estómago removerse ante la inevitabilidad del deterioro. Las horas le parecen días, los días meses, los años, verdaderas edades de los hombres y sin embargo sus pies no se han vuelto arrecife, ni sus manos coral quebradizo. En todo este tiempo ha visto caer a muchos luchadores de Wrestling, agentes de seguros y policías mejicanos para darse cuenta de que la situación es insoportable aunque la comida siempre sea la misma.¿Por qué navegan? ¿hacia dónde? ¿Cuál era su nombre y por qué había llegado allí? Las hipótesis eran muchas pero su circunstancia particular no le permitía la comprobación empírica de las mismas pues sus movimientos eran limitados y torpes. La metafísica de Aristóteles concibe el conocimiento como un proceso que en este caso estaba fuertemente reducido por las inclemencias de las galeras y de la sangre coagulada sobre los remos.

Voces furiosas y apresuradas se filtraban por los espacios huecos entre los tablones podridos. Pero tal era el ruido de las olas y de la garganta del látigo que apenas se distinguían segmentos fónicos que tuvieran algún significado. La rutina de los días lo había mantenido despierto, entretenido en su sufrir, lejos ya de las pequeñas ensoñaciones de las tardes de verano cuando era libre y podía espiar a las muchachas del bajo valle: sus pechos rozando la punta de su lengua mientras los labios de todo su sexo emprendían dura marcha contra los peludos abismos, allá, bajo los ropajes de lino.

Se está haciendo cada Vez más Tarde

Publicado en La broma pesada que es el vivir el Octubre 21, 2009 por rhinslumber

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Un acord que no desprèn cap música
sinó tan sols un eco incansable, errabund,
pel que supura el gemec escanyat de les pales
i la feliç explosió de les ones
quan carburen amb veritable angoixa.

Jaume Saïmet

En verdad, escribirte sería como asesinar a un hombre con una cuerda de guitarra, algo lírico. Los ventanales de la calle abren y cierran sus bocas, como un niño destronado ante un dentista, pesado y repetitivo, abren y cierran sus bocas. Los muchachos y los arlequines drenan sus vasos de martini en la esquina oculta del bar que he dejado. ¿Te acuerdas de cuando te rozaba la pierna en aquel bareto pseudo-punk que promulgaba el amor libre? Tus ojos eran como encendidas perlas (descanso para asimilar la comparación muerta y aplastada por el peso de una tradición hecha de mentiras y pretensiones). Los pasos que nos conducían a la panadería hostigada por la manteca y el chocolate ya se encontraron aquella vez no tan lejana, bajo los perfumados andenes de una estación sin mucha cosa que decir, quizás un “el autobús con dirección a Barcelona no efectuará parada en el campo, el autobús con dirección a Barcelona, repito, no efectuará parada en el campo, además queríamos informarles de que la prima Mariana ha tenido una niña” pero esto en todo caso sería hipotético. Se está haciendo cada vez más tarde mientras escribo… Incesante, Cronos nos devora como si hubiera fumado marihuana desde siempre y no pudiera saciar un hambre cósmica. Nadie se ha fijado en mi corte de pelo y ni falta que hace. ¡Cuánta ficción hay en nosotros y cuánta literatura en los espejos! No escribimos aquel cuento en la habitación del hotel, ¿recuerdas? Éramos un manjar y se nos olvidaron las ideas. Por aquella ventana que prometía un gnomo se deslizó a pesar de mis advertencias un ser con dos cabezas, seguidor confieso de Platón. Había venido a recordarnos que nunca el placer se deshace del dolor, que ambos son hermanos y comparten un mismo cuerpo. Tú no vacilaste y cercenaste de un golpe húmedo y escéptico la cabeza parlante, la del dolor. Pero ya sabes que siempre vuelve a crecer. Nos limitamos a dar golpes, a veces certeros, inútiles igualmente. Mi amigo Anaxifórmides me suele decir en su griego tan oxidado que el verdadero dolor se encuentra en el estómago, verdadero numen de las pasiones y energías de lo tangible. Tu estornudo de madera así lo probó poco después de las once.
Bella virgen que lloras carcajadas cuando los verdugos se mecen lejos, en sus cunas de lodo.
Avísame pronto de la llegada de tus caderas.
Tuyo, aunque sólo sea por un breve instante
sin tiempo.

Come Back

Publicado en La broma pesada que es el vivir el Octubre 1, 2009 por rhinslumber

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Alucino, Frenadol y Polanski.

Alucino, esta vez es Klaus Kinski.

Recuerdos de un No-Nacido

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Septiembre 17, 2009 por rhinslumber

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Mother, there is no other.

Mr T.

Se oyen los pasos a través del jardín cerrado. El cielo está roto y los pájaros negros del Régimen se alimentan en la lejanía de los molinos. Las aspas inmóviles, como estandartes de una batalla perdida. Espesura de adjetivos. Sí, ya lo sé, es inútil hablar del pan rojizo, desprovisto de concha, siendo seducido por un anarquista fuera de cuadro. Pero aún así, prosigo. Es la única manera que tengo de seguir un rastro perdido de antemano, un rastro hollado por la mano de Welles o Lang o algún otro director que no conozco.

Ella espera detrás de la puerta; está nerviosa pero a la vez tranquila, reuniendo una expresión en el rostro que pudiera recordar a los gigantes en su siesta, rodeados de naranjas. Sus orejas tontean con la madera oscura, jugueteo espongiforme: frrr frrr. “Me quiere, no me quiere, m’estima, no m’estima, ¿no me quiere? Maldito erizo trasnochado. Llevo aquí varios minutos y no sé si lo quiero. Sus brazos son fuertes y su olor me recuerda a los mozos de finca, ay, la finca que veía hace unos años mis dulces faldas desarrollarse en el abrigo del valle. Papá dormita en la butaca de las cartas pero mamá está presente en mi baile junto a estos goznes. Mmm. Huelo a carne humana, ¿crees que comeremos un poco esta semana? ¡Ven y cógeme, señor cualquiera!”

Las desiertas y tiritantes calles acogen la llegada de un carro tirado por un burro tuerto que en sus ratos libres se alimenta de colillas y whiskey de contrabando. No sé si cualquiera pero alguien se acerca a la casa de María. La velocidad de llegada no es muy grande y así pues me aparto de la puerta y me escondo bajo los higos chumbos. Cincuenta tornados arrasan Mississipi en este instante pero el joven melancólico que viene cantando es ajeno al apunte metereológico. “Y hay colgadas dos cruces, en el monte del olvido, por dos amores que han muerto, juegos de amor y vino (Silencio). ¡Qué agradable el campo! Todo está tranquilo y no hay maquis ni neonazis colgando en los olivos. ¿Qué será de mi esta noche de envoltura desconocida? El zumbido de Sonic Youth en los zarzales y perfumes como sonetos, saliendo de las vírgenes del camino. Peregrino, ¡cómo te seducen los sacerdotes de sus caderas! ¡María! ¿No es suficiente que la única democracia del país esté en la muerte?”

“Calla”, piensa el burro. “Tú no conoces la desdicha. Llevo atrapado bajo tu yugo varios años y el tabaco cada vez es más caro, un Chester, 10 céntimos de éstos, de los franquistas, la puta tos me está matando. Siempre viene por las noches. ¡Nadiuska! ¿Por qué cada vez que la veo, la ataco? Ven a mi, ¡soy tu Fritz!

Desde una ventana en las alturas, una mujer rechoncha y blanquecina abandona la búsqueda del bosón de Higgs para mirar al forastero. Una leve sonrisa se dibuja en su cara en expansión plana. Abajo, María ya ha abierto la puerta y recibe al desconocido con los brazos en jarra. Se miran, ¿se desean? Es difícil de deducir por las manos de ella o por los pantalones de él. No se hablan. El vehículo es ancho y espacioso, dispone de las últimas virguerías como mini-garrote-vil para las nueces y reposa crucifijos modelo Confesiones. “¡A prisa Miguel de Escarnio! Las acompañantes están al caer. No quiero seguir aguantándolas. Llévame lejos.” Se ponen en marcha. Me subo con ellos en el último momento. Algo me agarra de las Converse. Dos mujeres de edad media llevan pelusa blanca sobre sus mejillas pero es que además gimen y reclaman mi atención. Son las acompañantes de las que habla María. Con una expresión infantil se quedan con una de mis botas, saltando y blasfemando, agarrándose a su tela como las pinzas de un insecto. Antes de perderlas de vista, observamos los tres como aquellas des(gracias) se ahuecan en cóncavas zalemas orientales. Las manos en señal de súplica y sus vestidos floreados ardiendo.

“Ahm, llevas una trenza María,(…) ¿quién te la ha hecho?”

“¿Te has fijado? Tiene gracia. La señora Barraca. Una de las acompañantes. Es tan dulce e inocente. Es una lástima que me sigan a todas partes. Pero es su trabajo. Nadie se lo reprocha. Pero bueno, hoy estoy contigo. Nada más. A veces me siento encerrada como en un castillo. Es todo tan negro en misa…”

“Un castillo ¿eh? No te preocupes, esta noche te llevaré a través de los caminos. Dejaremos atrás pozos y viñedos quemados por el sol. Divirtámonos, ¡bebamos el alcohol que he guardado junto al torrente de Son Corb! Te gustará la mirada velada; nuestro escondite en las esparragueras.”

“No, yo no quiero beber. Si acaso agua. La cerveza me produce temblores en las pestañas y aún me quedan varios años hasta que conozca el dry martiny. ¡Para, para! El gesto del pastor se ha detenido junto a su amante, la luna descalza, ¿no los ves junto a los juncos abiertos en ritual martilleante? ¡Para!”

El burro, que no está para muchas bromas se detiene junto al vallado. Los grillos frotan sus patas en algarabía polifónica. ¡Qué bonito es el campo, cuando duermen las conejos y los fusiles se han oxidado junto a los caídos! María salta carro y alambre, está como poseída, se resiste a emborracharse, Miguel la sigue embobado y frustrado. “¿Por qué las mujeres no se rinden a los encantos de la ebriedad inducida?”, piensa él. No sabe que aún es pronto y que ellas se detienen ante las botellas demasiado acogedoras. Un rebaño de ovejas los rodea en pausado estertor. María aguarda expectante en el centro. No hay flautas que despidan a las nubes. Me coloco en una encina. Robert Graves come bellotas sin dejar rastro y desde un observatorio en Perú se descubre el asteroide Smetana rugiendo en su estela de fuego y hielo. Un búho atrapa a una rata y la sacrifica en una pira de guano.

“¡Vamos Miguel! Atrapemos a las ovejas. Ya habrá tiempo de vomitar en baños crepusculares, de armar las uñas en la caída de los sintéticos medicamentos. Ya habrá tiempo de llorar a nuestros amigos dormidos por el cáncer. Las ovejas son lo que tenemos, una persecución, un delirio animal más allá de los narcóticos y de las anfetaminas. ¡Bésame en el fulgor de la tierra y del excremento humilde y maleable! Pero antes alcánzame. A mi que voy tras nubes de lana y carbón. Deja que el tiempo se detenga en nuestra urna griega. O es que vols que et tapi es cap? Voule vous oranges?Je suis perdue”

Y allí va ella como un bólido. Los cabellos extendidos en veladas alusiones. Las garrapatas huyen emitiendo diminutos alaridos y Miguel la observa desde el camino. Cree amarla pero quizá ha llegado tarde. Las siluetas se diluyen tras la higuera. En tu fracaso está mi esperanza y mi futuro. Le morderás el cuello espeso de lavanda pero sin sorber la sangre que me va preparando las toallas, el vino y la agonía. Arde lo imposible en tus ojos Miguel.

Sólo encontrarás helechos entre los muslos blancos de mi madre.

Caricatura

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Agosto 31, 2009 por rhinslumber

Lento y magnéticamente elegante, el sol se ponía sobre las esquinas de la barriada y Bob Dylan había detonado ya las cabezas nucleares, the hour is getting late he said. Nadie de entre las personas que estaban disfrutando en ese momento de una fiesta donde el beber era considerado un acto de habla pudo responder a las preguntas de los asustados policías que, sintiéndose desfallecidos y perversos se movían tambaleantes. Parecía una noche como cualquiera, y como cualquiera hubiese seguido si en un momento de decisión sentimental y destructora no se hubiese levantado Jacinto Santamaría de su sofá de piel de cocodrilo y hubiese exclamado “Creo que ante todo, podemos estar convencidos de que la vida es como un soplido que se va esparciendo, pocas veces encontramos algo que abrasa” Los invitados a la fiesta seguían bebiendo del ponche adulterado, grandes eran sus carcajadas, no sabían de la materia oscura ni de las miradas de los loros de madera, todo era unión en lo aceitoso de la vida, asiento en una cabina de feria. “Amigos, amigos, tengo cuatro botellas de whiskey y patatas fritas, por qué no os venís conmigo me quiero ir a México City DF náhuatl y a los demás que no recuerdo, podremos hablar de la migración de los pájaros que se alejan de aquella torre hecha de granos de arena, perdida en la imaginación del pobre Joyce” ¿Qué podía estar haciendo Jacinto en ese asiento de reptil que denotaba una cierta humedad? Como ya dije antes, como buen narrador que soy, nadie hacia caso del desdichado. Unos segundos pasaron antes de que se abriera la puerta del piso franco que servía esa orgía de carne que se reprimía y que el “yo” retributivo, que no forma parte de este texto, anotara salvedades junto al baño de caballeros. Ella entró en el bosque de figuras occisas que se miraban con ojos de desear algo que no tenían, todo era luz negra alrededor de su figura. Aparición fáustica que desprendía perfumes insospechados, categorías y abismos, sí, abismo, me gusta la palabra abismo, y me da lo mismo tu jodido pesimismo y te aseguro que en lo que a mi procede, debes abandonar el cargo esta tarde sin opción a una compra de última hora, apuesto por Sonoff. Jacinto no sabía que le pasaba, solía estar tan entretenido viendo series de factura norteamericana y cine expresionista alemán que idolatraba a las mujeres imposibles. Pero aquella superioridad de las formas que había entrado por la puerta de aquel piso perdido de la mano de un dios, que no digo cuál, pues no es necesario decirlo, había llamado su atención. Ella se movía, se contorsionaba por los pliegues de carne e inocencia interrumpida que encontraba a su paso. Jacinto partió hacia ella, tenía que atravesar un salón de 40 m2 y un pasillo de unos 6 metros de largo, no digo que fuera ideal, pero eso le pareció bien a los chicos (al final el dinero estaba en la muñeca). Se decidió a cruzar aquella inseguridad y fue acercándose a ella, los cócteles eran traqueteo de huesos que en los infiernos habían cristalizado, clinc clinc clinc. Había seguridad en sus pasos. Se encontraron poco después de las 22:34 de la noche del domingo de resurrección de la carne y de los ídolos del pop masificado. Jacinto quiso cogerla de la mano y quizá en eso radicó su fallo, porque en verdad amigos, esta vez la fiesta sí fue interrumpida, un alarido de dolor no muy bien disimulado había llamado su atención. La puerta se cerraba al partir Jacinto veloz como la epidemia, por la puerta del aquel piso franco del que os he hablado ya. Precipitándose por los vacíos de las grietas donde se lanzó en un momento de lucidez demente, corrió la peor de las suertes pues había tocado a esa mujer imposible, acechada por los tronos del Burguer King o por los barberos del pasado que aún están entre nosotros. El calor del desafío quemó su brazo y su entendimiento. Jacinto había probado el amor, y se dio cuenta que era brasa, Juana de Arco vestida de charol pero aún así quemada y monje subido de tono cuando una aldeana decidía mostrar sus maravillas en la parte delantera del claustro. ¿Quién le iba a decir a Jacinto que la vida era como ametralladora automática y que los cabellos de aquella oscuridad de lo pleno y de lo que no es de este mundo le robarían el alma con tal facilidad?
Esta es mi confesión.
El correo no llega nunca a tiempo.
Te quiere,
JF Sebastian.

Touch me very tenderly, Patty the Hooker

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Agosto 13, 2009 por rhinslumber

I

Caía la noche como siempre había deseado, amenazante y coqueta a través de los esqueletos urbanos. Pero aquel coqueteo no cambiaba el hecho de que sudara todo su cuerpo en inmolación pasiva que cubría y cubría sus párpados de niño bien. Formas vagas arrastraban sus cosechas por las calles asfaltadas, que guardaban ellas, en sus miserias, burbujas y llagas entreabiertas. La estancia en su casa le había parecido eterna y trenzante, forrada de antiguos pósters que decían “cómeme la tetita mi bebesito”. Ay, el pecado que aguarda bajo una cama que todos(sí, me refiero también a las mujeres, hipócritas que son unas…) manchamos casi sin querer en mitad de nuestro sueño. Las cucarachas habían intentado hacerle ver que no eran cosas, que eran sujetos que se habían colapsado bajo el peso de una sociedad demasiado terrible. Al no encontrar manzanas que lanzar, se precipitó por las escaleras.

II

Al pasar por la plaza del Rectángulo, encuentro pasado de yonkis y demás fauna brechtiana, vio a un hombre con dientes de tiburón que sacaba un cuchillo. Pero aquella aparición no duró mucho tiempo, porque al salir por un callejón, simplemente, lo perdió de vista. Hay un asesino suelto. Los globos de Peter Lorre en un balcón parecían anunciar retorno a la unidad primigenia, más allá de la escisión. Hasta que unas voces nos despiertan, y nos drogamos. Al pasar cerca una casa, se acordó de un perro grande y ondulado que perteneció a un amigo en la infancia. El fuego se encendía en sus formas animales y gustaba de seducir a los amigos de su dueño con promesas que nunca llegaban a nada. Más allá de este recuerdo giró a la derecha y se encontró con lo que parecía ser un horno abierto. La letra F se tambaleaba en el cartel centelleante. Nuestro personaje, al oler un perfume de manteca que venía de las sombras volcánicas de aquel lugar, abrió la puerta de cristal y plástico y entró por esa puerta esfíngea. No había nadie en casa, sólo el solitario viento de Dios, o la televisión encendida con el festival de Eurovisión en sus venas de electricidad. Los croissants estaban cerrados con llave y la desilusión fue grande.

III

Momento preciso aquel en que un ruido se oyó detrás de la cortina, un ruido sordo y dulce. “¿Qué hago?”, dice nuestro héroe. ” ¿Qué será de mi alma si me adentro en la perversidad?” Nadie lo sabía, ni sus hermanas, ni sus gatos, ni sus amantes, puede que quizá tampoco él lo supiera. No dejaré que ningún hombre aparezca. Puede que yo tampoco vaya. Pero la tentación fue más fuerte y apartó de un gesto raudo la cortina andrajosa.

IV

Allí apareció una apertura que escondía unas escaleras infinitas. Un leve resplandor rojizo salía por entre las fisuras. No sabiendo nada porque sabía que eso era lo único que podía saber, decidió bajar las escaleras. A medida que fue descendiendo una música se fue haciendo más clara. Dance me to the children who are asking to be born. Aquel personaje era joven y no reconocía las lineas inmortales. Su corazón se aceleraba por momentos.Dance me to the end of love. Cuatrocientos escalones más abajo llegó a una gran estancia y lo que vio le hizo volar cuatrocientos más hacia la salida y se perdió en los enigmas del lenguaje.
V

Me contó mucho después que tuvo que ir a muchos psicólogos y psicópatas para curarse de aquella visión. Me dijo que un hombre de unos setenta y muchos años yacía tumbado y amaniatado ante la forma de una hilandera que hilaba, hila que hila, apoyada en una pequeña cabra prehistórica. Sólo segundos después se dio cuenta que esos hilos no eran hilos, sino pelos que colgaban de los genitales engordados por el tiempo, de hoteleros y demás escualos de la familia carcharinus tercus. El pobre viejo no paraba de cantar “dance me to the end of love” y algunos filósofos idealistas, embriagados por la nariz de Fichte, bebían sangría con unas pajitas y cantaban al son de Elia Kazan.

Contra el blog de Rhinslumber

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Julio 13, 2009 por rhinslumber

La literatura es un timo/ quien lo probó lo sabe. El escritor que se demora en sus palabras y corrige lo eternamente inacabado. ¿Bosque de signos o bosque de espejos? La mirada de Kelly Reilly en Les Poupées Russes. Dolor y más dolor al escribir chorradas, reliquias condenadas y soflama vengativa. ¿Por qué escribo? Dicen que es divertido, que ayuda a aclarar las ideas, que eleva el espíritu. Letal y ceremonioso, William Blake ríe a carcajadas rodeado de sus humos corrosivos. Nuevas mitologías, nuevos engaños. Pero aquí estoy, sin sueño y preocupado por eso mismo. Lentamente se contraen mis vísceras hasta producir un chasquido feliz y empieza a dolerme el estómago. ¿Para quién escribo? ¡Oh tú desconocido lector! ¿Buscas entretenerte?¿Quieres que vaya acortando, no? Son of man, you cannot say. Como decía Michi, no hay nada peor que ser un coñazo. ¿Y qué pasa? Nada. Ni siquiera un helado. ¿Y a qué coño viene lo de rhinslumber? Deja de fingir. Trata de salir a la calle, queda con gente (eso es difícil cuando todo es relamido y bruscamente estético). ¿Y qué voy a encontrar fuera? Un Gran Slam de humillaciones. Aquí no hay nada que ver. Yo no he venido aquí a hacer dormir a nadie (mas quizá yo sí quiero dormir y no puedo). Ahí anda Rilke, paseándose entre mis fantasmas. Un ojo marcado en las fotos de las mujeres, el otro clavado y severo ante mi apple.

“¡Suda sangre, poeta de la patafísica y tus cojones, poeta! Despreciable hogar tus palabras. Como vaca sacrificial contoneas tus bárbitos ante este simulacro. Redes sociales, ¡una polla! La soledad es algo que se subasta”, me golpea su pantera.

“Póngame dos cervezas”, digo yo.

Creo haber encontrado un cierto tono. Esto va cogiendo forma. Creo que en breve podré borrarlo, pero no. Aún no estoy esquizofrénico. Aún escribo para otros. El platillo estalla, los pelícanos se pasean por el parque despreocupados. Golpeo las teclas. Recito unas frases de Malcom Lowry. ¡Qué patraña! En constante diálogo con los muertos, nos distanciamos de nosotros mismos. Perdemos aquellas uñas sucias en la tormenta.

Todo pasa. Yo y mi circunstancia embriagados de la nada. Sólo puedo ser átomo o arder en tus lágrimas de plástico. Más bien ardo…

Retrospector o cómo entender Génesis con una sola escucha

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Julio 5, 2009 por rhinslumber

Bello aquel día era,
Que de madrugada empezaba
En el que la oscuridad acababa
Revelando ya las sombras.

Afiladas espadas,
Cascos de Plata,
La infantería lleva
¡Qué montón de hojalata!

¡Tensad arcos!
El momento se acerca,
Algunos murmullan miedosos,
El sol ya calienta.

Honor y fuerza,
Cobardía y vergüenza,
Mañana, bonita eras
Pero con sangre desesperas.

Muerte y violencia
Mito y esencia
Destrozada está el alma
Ya reina la calma.

Los cadáveres bañan el paisaje,
Al animal le vuelve la consciencia
He pisado una vida.
Aún conservo la mía.

(Poema compuesto en infancia o adolescencia pueril, bañado por una épica que ha tiempo que murió, o se transfiguró en un retiro sexual que no me convence.)

A veces el más afortunado es el más mazado (Necorita in memoriam).

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Junio 29, 2009 por rhinslumber

Für Aachenland

En el coche éramos pocos, pero no extraños. Sabíamos de nuestras miserias e intuíamos lo que quedaba de soslayo. A veces nuestro caminar nos llevaba a callejones similares, pero nunca sabíamos cómo burlar a los neones de los desiertos. Algo se oía en la radio, pero no venía de la radio, venía de las puertas, de los asientos de los colores, de los… Interrupción para informar de unas obras en proceso en el sector inferior derecho del cerebro del autor real que se distancia patéticamente de estas palabras al tocar la cama que nos abraza a todos. Pero también nos espera la espada en aquel lecho. Nos íbamos de acampada. Teníamos toneladas de carne cruda y no sabíamos que hacer con la cebolla. Los cubitos de hielo eran guardados con el mayor descaro, su precio se reducía en el tiempo. En la radio se oía Kyuss y mis amigos fluían en silencio. Algo se avecinaba. Tú no ibas con nosotros. Poco antes, un mensaje me decía que te habías quedado a comer lacón en casa de la vecina. La carretera nos chupaba las suelas y tú aparecías súbita como máquina pitagórica que no funciona muy bien por el carril derecho. Santi nos pasó con sus gafas de sol. Siempre hay gafas de sol de por medio. Poco después que llegáramos a la playa empezaron tus flirteos hacia las cuerdas y la tortilla de patata. La construcción de las tiendas fue desigual, los diseños tenían distintos tempos. Realmente tardamos poco a emborracharnos de hornazo y de panades y de algún que otro whiskey que dispusimos en círculos de arena.  Yo te seguí a través de las olas bajas, olas de cuento aquella noche.

“Una vez me dijeron que era la máscara más vendida de Halloween. Los barquitos buscan compañeros en las profundidades de los ahogados. ¿No te das cuenta que te estoy diciendo que te quiero, ¡te quiero! Vamos, ¡bautízame con tu labio frutal!”

“Mira que eres pesado tío. ¿Por qué no dejas de intentarlo? Lo haces muy mal. Me gusta mucho la camiseta que te has puesto. Pero es que no me gustas físicamente. Pareces turco. ¿Te gusta mi bañador?¿Tengo un buen culito verdad? No eres más que un amigo. ¿Quieres venir a bañarte conmigo? No muerdo.”

Después de tanta soflama me alejé hacia lo hondo; hacia aquel lugar que se teme en las noches de luna llena. No nos dijimos adiós. Los pectorales de Santi salieron de la espuma tranquila de medianoche. Todo era purpurina, repicar de gotas. Los cuerpos no se cobran en el salón de las almas. Una cabeza pelada mordiendo hígados de australianos muertos se despide en el portal. Sometimiento al daimon de las noches baratas y los porros de hoja. Volví sobre mis pisadas en la arena, imaginadas claro. Dos de mis amigos hablaban de Praga y de Michael Ironside bajo las estrellas. Las medusas rodeaban lentamente a los amantes, que unían con gozo ignoto sus desiguales formas entre las algas. Aquello me pareció extraño, y ciertamente nuevo. Pero no como Ariel lo digo, no. El sentido cambia, y mi voz, con los años.

Estiu a Sa Coloni

Publicado en Y vi una hoguera de brazos rosas, plástico y burbujas. el Junio 20, 2009 por rhinslumber

El verano no era particularmente caluroso, las aguas estaban calmadas y el sol surcaba las olas, como un cadáver caído del cielo. Entonces éramos jóvenes. Nos gustaba el olor de la sal y formar bolas de arena, confiados, en las dunas. Aquella tarde recuerdo que los flotadores abundaban en la retaguardia de los chiringuitos, y que las mujeres eran torbellinos de materia oscura, inaccesible. No sé si nuestros padres nos miraban con mirada de preocupación cortante, no. Sólo puedo asegurar que la arena en el fondo de aquel descenso, podía ser de un púrpura volcánico. Pero ahí, nadando entre elementos sensoriales que se perdieron en la memoria dictadora, cuadro cubista ya de por sí, compuesto de mentira y leyenda, tu rostro se escondía en las espumas que los barcos nos enviaban. Quizá me sugeriste que jugara a algún juego de la Gameboy, o que viéramos otra vez Indiana Jones y el Templo Maldito. No te lo sé decir. Siempre insisto en esta idea de no saber. Otra vez te zambulliste. Yo quise seguir tu ejemplo y después de unos intentos infructuosos, me sumergí.

En el suelo marino, peces como alfombras barrían los desniveles, los espacios sin dueño y señor, si no hablamos del Gran Blanco. Sin embargo, pudimos distinguir entre las algas siempre amenazantes, una botella de vidrio pequeña, que no reflejaba la luz de los cielos. Nos extrañamos y la cogimos, con nuestros dedos no tocados por el deseo de unos pechos o de unas nalgas (el niño moderno dispone de virtualidad a la carta, se desdobla aún más y busca más refugio en el dinero, salvo unos pequeñas excepciones que se van a buscar setas a los bosques hombríos, es decir, apretados y sin corbata). 

La botella nos propuso su enigma y pudimos ver que había arena en su interior. Pero algo más parecía palpitar allí dentro. La sacamos a la superficie y empezamos a nadar, observándola. Quizá fue el movimiento de nuestras formas o el aire caliente que ascendía lentamente pero algo se movía en esa botella. Maravilla. Dos tentáculos se arquearon ante nuestra mirada hechizada.

Tenaz, el pulpo se abrió paso entre esa apertura, que moldeó su cabeza como si de una morcilla de León se tratara. Poco después se lanzó al mar. No le caímos bien supongo. Una linea de espacios oscuros lo despedía, como cortejo fúnebre desdoblándose incesantemente entre los privados usuarios que se levantan por las mañanas, a sacar a sus niños de paseo.